La Virgen del Rocío, mucho más que una devoción

El Rocío

La romería que dedica el pueblo de Almonte a su patrona, la Virgen del Rocío, se ha convertido en un fenómeno devocional y turístico mundial que ha revasado todas las fronteras. Surge a partir del siglo XIII, con la conquista cristiana de estas tierras a los musulmanes. Cuenta la leyenda que fue encontrada por un pastor almonteño en plena marisma sobre el tronco de un árbol y en su espalda tenía grabado el nombre de Nuestra Señora de los Remedios. Quiso llevarla al pueblo y la metió en su zurrón, pero la imagen extrañamente volvía siempre al mismo lugar. El pastor da noticia en Almonte de lo sucedido y se decide levantar una Ermita en su honor y como peana el tronco donde fue hallada.

Históricamente, la devoción a la Virgen del Rocío se extiende a causa de que está en cruce de caminos entre el Condado y la Costa de Huelva, con las cercanas tierras de Cádiz. De hecho, las hermandades más antiguas corresponden a esta zona: Villamanrique, Pilas, Moguer, La Palma del Condado, Sanlúcar de Barrameda y las extinguidas y refundadas hoy en día de Rota y el Puerto de Santa María.

La Virgen del Rocío es nombrada patrona de Almonte en 1653. Originariamente, la imagen era de talla policromada en verde y blanco, de ahí los colores del cordón de la medalla de la Hermandad Matriz de Almonte, con unos zapatos o chapines rojos. A partir de los siglos barrocos, la Virgen se transforma y se viste con ricas telas a la moda de la época, como las damas ricas y nobles de la corte madrileña de Felipe IV, siendo de esta época su actual configuración, pues no ha variado nada en todos estos siglos. Las ráfagas que posee son del siglo XVIII y son llamadas de “puntas”, de plata de ley, y la corona es la que se le impuso en la coronación canónica de 1919, obra de Ricardo Espinosa de los Montero, en oro de ley.

La devoción popular hacia la Virgen comienza a configurarse en el siglo XX. A las primeras filiales del los siglos XVII y XVIII se le unen las hermandades sevillanas de Triana y Umbrete, en 1813 y 1814 respectivamente, y Coria del Río en 1845. La hermandad de Huelva se funda en 1880, aunque hunde sus raíces muchos años atrás. Se extiende así la devoción rociera en el entorno de nuestra provincia a su paso por otras localidades camino de la romería almonteña. Se fundan entonces las hermandades de San Juan del Puerto o Rociana del Condado, coincidiendo con el año de la coronación canónica de la Virgen. A partir de este momento, se fundan en Huelva hasta la actualidad 25 hermandades, siendo el grupo más numeroso las del Condado:  Trigueros, Gibraleón, Punta Umbría, Ayamonte, Isla Cristina, Escacena, Manzanilla, Chucena, Bollullos Par del Condado, Niebla, Villarrasa, Emigrantes, Valverde del Camino, Palos de la Frontera y Lucena del Puerto. Además, existen varias localidades con asociaciones y prohermandades donde ha calado el espíritu rociero.

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