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Marismas del Guadalquivir

Las marismas del Guadalquivir constituyen la joya biológica del Parque nacional de Doñana, y son una de las principales zonas de invernada y cría de aves acuáticas del continente. Este extensísimo humedal ofrece un entorno idóneo para especies amenazadas como la malvasía, el calamón o la cerceta pardilla.



Bosques, cotos, dunas vivas y fósiles, lagunas, “veras” y playas constituyen ecosistemas de gran importancia en el entorno de Doñana, pero son las marismas el factor clave de la relevancia del Parque Nacional. Se trata además del ecosistema de mayor tamaño, ya que la práctica totalidad de la zona de marisma del río Guadalquivir en la provincia de Huelva está incluida entre las fronteras del Parque Nacional. Su escogida situación geográfica, en un extremo de Europa cercano al continente africano, convierten las marismas en el hábitat de multitud de especies de aves. Aunque a los ojos del visitante las marismas se asemejen a una planicie, existen pequeñas diferencias de elevación que, dados los cambios de suelo y humedad, propician hábitats diversos para flora y fauna. La salinidad de algunas zonas las mantiene exentas de vegetación, mientras que en otras crecen carrizos, castañuelas y bayuncos, tornándose en extensas superficies verdes durante la primavera que se secan hasta cuartearse en la época estival y vuelven a encharcarse en otoño e invierno.

Más de trescientas especies distintas de aves pueblan las marismas en diferentes épocas del año. Algunas hacen de ellas su cuartel de invierno, como el ánsar común, que tiene aquí su principal área de invernada de toda Europa. Otras, como la espátula, la garza imperial, la focha cornuda o la avoceta llegan en primavera para reproducirse. En este humedal extraordinario no faltan tampoco diversas rapaces como milanos, aguiluchos laguneros, elanios azules, águilas pescadoras o la escasa e imponente águila imperial.