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Presentación

El norte de la provincia de Huelva, al pie de Sierra Morena, alberga una comarca que cumple todos los requisitos para ser destino privilegiado de senderistas y viajeros: La Sierra de Aracena y Picos de Aroche. Sus más de 600 kilómetros de senderos, vestigios de la antigua red de caminos rurales y vías pecuarias, permitirán conocer este inmenso territorio que ha mantenido, a lo largo de los siglos, un modo de vida tradicional y en permanente comunión con la naturaleza.

Sorprenderá la riqueza del patrimonio cultural, arqueológico y arquitectónico de los pueblos y aldeas que jalonan cada una de las rutas propuestas. Fortalezas medievales dominando el horizonte, iglesias bellamente ornamentadas, o monumentos de lo cotidiano como fuentes, ermitas, abrevaderos o molinos fluviales pueden ser contemplados en casi cualquier rincón serrano.

A todo ello hay que unir la peculiar gastronomía que confiere seña de identidad propia a toda la comarca, haciéndola universal a través de sus jamones y chacinas de pata negra. Guisos de caza, gazpachos de invierno, setas de temporada o carnes de cerdo de la dehesa serrana, preparados de una y mil formas, servirán para goce y sustento del caminante.

La naturaleza ha recreado en el Parque Natural Sierra de Aracena y Picos de Aroche -reconocido por la Carta Europea de Turismo Sostenible- estampas de incomparable belleza y valor ecológico, que las gentes de estas tierras han sabido mantener intactas hasta nuestros días. El visitante podrá disfrutar de este entorno a través de una cuidada oferta de hoteles rurales y restaurantes, que harán de su recorrido por los caminos de la sierra una experiencia inolvidable.



La Sierra de Aracena y Picos de Aroche conforma las estribaciones más occidentales de Sierra Morena, entre Portugal y la provincia de Sevilla. Se compone de una sucesión de pintorescos paisajes en los que se pierde la vista. Frondosos bosques e interminables dehesas entre los que destacan pueblos blancos con una arquitectura e historia atesorada durante siglos. Las gentes que pueblan esta comarca han convivido desde siempre en perfecta armonía con el privilegiado entorno que los rodea.

Se trata de un vasto territorio con más de 1.800 km2, que cuenta con el 60% de su superficie protegida por la importancia y calidad de sus valores naturales y culturales. La comarca está constituida por un conjunto de sierras de suave elevación, donde los picos más altos no llegan a los mil metros de altitud, y entre las que fluye una tupida red de ríos, arroyos y riachuelos de gran belleza y valor ecológico. Esta bendición en forma de agua tiene su razón en la abundancia de precipitaciones anuales que concentra toda la zona, y que ha dado lugar a una tradicional arquitectura fluvial en forma de lievas, azudes, molinos o lavaderos.

Todo ello, unido a una cultura y tradición basadas en la explotación sostenible de los recursos naturales, convierten a esta sierra en una de las áreas boscosas mas extensas y mejor conservadas de la región mediterránea. La dehesa es el ecosistema más representativo, y consiste en el aclareo, realizado por la mano del hombre a lo largo de los siglos, del bosque original. El resultado lo conforman grandes extensiones cubiertas de encinas y alcornoques, con manchas de quejigos en las umbrías y vaguadas. Esta sabia alianza entre la necesidad humana y la naturaleza constituyó en el pasado, y sigue siéndolo en la actualidad, una forma racional de aprovechamiento ganadero, forestal y agrícola. En estas dehesas de la serranía onubense se cría de forma extensiva, o en “montanera”, el cerdo ibérico. Un cuidadoso proceso de secado y curación de sus carnes da lugar a los famosos jamones y chacinas con Denominación de Origen Jamón de Huelva. El principal aprovechamiento forestal de la dehesa es la saca de corcho del alcornoque, que se produce cada nueve años. Otra actividad tradicionalmente ligada a este sistema de explotación es la recolección de setas tras las primeras lluvias de otoño. Gallipiernos, tanas o tentullos, entre otras muchas especies micológicas, atraen hasta estos parajes a numerosos visitantes. La naturaleza ofrece en la Sierra de Aracena y Picos de Aroche un espectáculo cromático único en cada estación del año. Las masas boscosas de castaños centenarios, que se concentran sobre todo en la zona central, más elevada y húmeda, aportan una paleta de diversas tonalidades rojizas, ocres y verdes. En los márgenes de los cursos de agua y en las zonas más húmedas y umbrías se forman bosques en galería de chopos, álamos, alisos, fresnos o rosales silvestres.

Esta gran superficie forestal ha posibilitado la conservación de una numerosa y variada fauna compuesta por la nutria, el gato montés, el meloncillo, el jabalí, el ciervo y la gineta. Además, sobre los picos más elevados se puede contemplar el majestuoso vuelo de numerosas rapaces como águilas culebreras, reales, calzadas o buitres negros y leonados. La salamandra, el tritón o el gallipato son especies de anfibios presentes en los cursos de agua de estas sierras. Junto a ellos, aún es posible contemplar peces autóctonos como el jarabugo, la colmilleja, la boga o el barbo gitano.

El hombre ha apreciado el valor de este enclave desde épocas inmemoriales. Asentamientos neolíticos, ruinas romanas, mezquitas musulmanas, iglesias barrocas o edificios civiles de estilo neoclásico son ejemplos de la huella humana, en forma de importante patrimonio cultural, que atesora la sierra. Su valor estratégico hizo de esta comarca campo de batalla, primero entre cristianos y musulmanes y después entre portugueses y castellanos. Como testigo de esta procelosa época queda una interesante y bien conservada arquitectura defensiva, formada en su mayor parte por fortalezas de los siglos X al XIII que se alzan majestuosamente sobre los enclaves más elevados del terreno. Otras formas arquitectónicas menos impactantes, pero de un indudable encanto, la constituyen los núcleos urbanos de cualquiera de los pueblos y aldeas repartidas por toda la geografía serrana. Casas encaladas, galerías dando a la solana, hermosas puertas de castaño primorosamente labradas o calles con artísticos empedrados son buena muestra de una forma de vida basada en la tradición y en lo auténtico.